noticias

junio 03, 2012

[Publicado en Actualidad/Gaur egun K2K emocionando. 26 de abril de 2012]


El pasado 17 de abril tuvimos la oportunidad, en nombre de ner group, de participar en la cuarta ponencia sobre la reforma del Impuesto sobre Sociedades, celebrada en las Juntas Generales de Gipuzkoa.

En primera instancia parece básico conocer, por aquello de que los políticos todo lo enredan, la definición del impuesto, la cual, en palabras asequibles a todos, puede expresarse así:

«Su principio rector, denominado “capacidad contributiva”, sugiere que quienes más tienen deben aportar en mayor medida al financiamiento, para consagrar el principio constitucional de equidad y el principio social de solidaridad».

Pues bien, el paso del tiempo va indicando que las diferencias en casi todas las sociedades de este castigado planeta son cada vez mayores y por tanto, lo de la equidad parece inalcanzable y el principio de solidaridad, un chiste en plena borrachera de Milton Friedman.

Indicamos que una cuestión de interés es saber cuál es la misión fundamental de la Administración como responsable máximo de la recaudación y retorno a la sociedad, suponiéndole algo más que una cuenta de ingresos y gastos cuadrados. Por cierto, casi nunca cuadrados.

Planteamos que, aparte lo cuantitativo, hay una responsabilidad cualitativa que incluye una labor pedagógica para procurar una sociedad que piense y actúe en términos de Desarrollo (Economía) Humano (Personas) Sostenible (Naturaleza), que procure, de forma progresiva y definida, lograr una mayor equidad entre quienes la componen.

En RESUMEN (el documento completo se puede leer en la web de ner group), la propuesta realizada fue la siguiente:

La Administración debe tener como misión:

— Realizar una labor pedagógica que oriente esta nueva era hacia los valores humanos, en aquello que atañe a la persona como integrante de la sociedad.

— Fomentar las actividades locales, sin dejar aquellas globales que sean contributivas al bien común.

— Animar, facilitar, ayudar, fomentar a aquellas organizaciones empresariales que en su hacer estén considerando el Desarrollo Humano Sostenible como su estilo de gestión y, por tanto, el realizar una mayor contribución a la sociedad.

— Definir objetivos cuantitativos en términos de logro y tiempo, con el fin de conseguir una sociedad más equitativa económicamente. Compartirlos con la sociedad de manera que supongan un reto común.

— Definir objetivos de calidad de vida, bienestar social, economía del bien común, Desarrollo Humano Sostenible, en términos de logro y tiempo, haciendo que la sociedad los comparta y los asuma como objetivos de todas las personas, lo que fomentará la solidaridad real.

— Hacer que la información, la comunicación y la transparencia relativas a los aspectos de fondo que interesan a la ciudadanía sean entendidas, deseadas y generen participación.

— Realizar, por ética y coherencia, acciones que no permitan ninguna concesión al fraude.

Y como CONCLUSIÓN:

— La cuantía de impuestos que se recauden será variable en función del logro del cumplimiento de la misión, lo que transmitirá a la sociedad un constante mensaje de solidaridad, conociendo el cuánto, el porqué y para qué de su aportación.

También nos permitimos indicarles que se encierren —a poder ser con sus jefes, de los bocadillos nos encargamos nosotros— y que tras decir y desdecir, quitar y poner, sin cámaras y micrófonos, que entonces se llevan mejor, acuerden, con visión de largo plazo, qué política de aplicación de impuestos queremos, cómo los vamos a devolver, para conseguir qué sociedad.

Cambiar es difícil; seguir igual es suicida.

Abril de 2012