La estructura jerárquica debe dar paso al trabajo en equipo. Todas las personas somos portadores de valores y capacidades, sin embargo, el modelo imperante las clasifica y decide quién piensa y ordena, y quién es controlado y realiza, lo cual nos lleva a la repetición de tareas, a la falta de motivación, a la falta de creatividad.
Lo más preciado que tenemos en las organizaciones son las personas.
La solución es implicar a las personas y que se junten, que definan sus objetivos, sus retos, que liberen su tiempo de tareas anodinas, que adquieran nuevos conocimientos y que sueñen y creen su propia realidad y su propia verdad.
Crear entornos en los que se comparta y se respete la verdad, donde se establezca una comunicación sincera, tanto con los compañeros como con los clientes y los proveedores.
Es necesario crear y facilitar en nuestras organizaciones espacios de libertad para facilitar y poner los medios con los que la capacidad creativa de las personas surja de una forma espontánea, como consecuencia de compartir un proyecto común, asumido con ilusión y autogestionado por personas responsables.
El trabajo en equipo, de verdad, es un gran cambio organizacional, pues se recuperan
valores como
las personas, la comunicación sincera, la libertad y la motivación, la ilusión por el trabajo, el liderazgo, la diversidad, el conocimiento, la pasión y la organización, etc.